Zihuatanejo,
Gro., a 20 de octubre de 2014.- Millones de pequeños productores, sobre todo
campesinos, han dejado abandonadas sus parcelas desde hace años y nuestro país
ha dejado de ser autosuficiente incluso en granos básicos como el maíz y el
frijol.
Hay quienes creen
que los hombres del campo se han vuelto flojos y ya no quieren trabajar; se
llega a decir incluso que los campesinos sólo quieren que los mantenga el
gobierno a través de los programas sociales, sin embargo detrás de esta cortina
de humo hay una verdad que muchos desconocen y otros, aunque la conocen no
quieren mover un dedo o no saben cómo resolver el problema que hay detrás.
Las instituciones
del sector, la SAGARPA y otros lanzan sus programas de apoyo con créditos,
fertilizantes, asesoría técnica y sin embargo, cuando el campesino sale al
mercado, no puede recuperar ni la inversión aplicada en la producción, por lo
que finalmente produce un poco de granos para el autoconsumo o de plano
abandona la tierra, recibe algunos pesos
de los programas asistenciales con los que mitiga la pobreza comprando
granos baratos que vienen de otras latitudes.
Es cierto que
detrás de todo esto se encuentra toda una cuestión cultural y de capacitación
que impide que los productores encuentren los caminos para sortear esta
dificultad, pero el otro gran problema es que el gobierno ha dejado solos a los
productores y a merced de una cadena de intermediarios que reciben mayores
beneficios por su intervención en el proceso de la comercialización que los que
le tocan al propio productor.
El pequeño
productor se desalienta y se desalientan sus hijos y sus nietos; por eso luego
nadie quiere trabajar la tierra; para ellos no es negocio; lo es y en gran
escala para los grandes productores que controlan el mercado y lo es para los
importadores de granos baratísimos que traen de otros países.
Por esta razón es
tan importante la propuesta que estamos haciendo con las REDES CIUDADANAS: Que
el gobierno municipal, con el apoyo de las instituciones estatales y federales,
intervenga para arropar a los pequeños productores y evitar que los voraces
intermediarios los despedacen en el mercado.
Quienes han
trabajado una parcela, saben el martirio que representa tratar de vender unas
cajas de mango, de jitomates, una tonelada de frijol o unos costales de limones.
Abundan las historias trágicas de productores que impotentes ante la voracidad
de los coyotes prefieren tirar la cosecha a la orilla del camino o la carretera
antes que regalarla a los acaparadores.
Claro que es una
injusticia pero hay que aclarar que no ocurre solo con los productores del
campo; ocurre en general todos los pequeños productores incluso de artesanías y
manufacturas y con todo aquel productor que no se organiza para defenderse en
la selva del mercado.
Y si observan con
detenimiento casi no hay ayuntamientos que estén dispuestos a meterse a la
promoción del desarrollo económico de los municipios, están convencidos que no
es asunto de ellos; pero las REDES saben que esto es indispensable para avanzar
porque el Ayuntamiento tiene fuerza y recursos para apoyar a los que están en
desventaja, esto que no es más que una manera de ayudar a que se distribuya
mejor el fruto del trabajo y de combatir la pobreza. Y eso claro que es asunto
de un buen gobierno.
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